lagoyluna

jueves, abril 03, 2008

¿Me hicieron o permití que me hicieran?



Hace poco estaba conversando con una persona de mucho conocimiento en el campo espiritual quien escuchaba atentamente mis quejas sobre situaciones que me habían pasado últimamente con otras personas y que bajo ningún punto de vista encontraba razones lógicas a sus actitudes y aptitudes.

Cuando terminé de hablar, aquella persona me miró fijamente por unos minutos sin decir una sola palabra, luego, se sonrió y muy serenamente me dijo: “Estás equivocada. Que fácil es para el ser humano culpar a otros de nuestros errores pero cuán difícil es asumirlos como responsabilidad propia, que fácil es, tan fácil como decir: “Me hicieron” sin razonar que: “Permití que me hicieran”.

¡Oh por Dios cuanta verdad!

Siempre buscamos la forma de justificar nuestros errores culpando a otros e ignorando que el engañarse nos empobrece el espíritu y nos lleva rumbo a la infelicidad.

El mal crece, se desarrolla y fortifica dentro de nosotros mismos, por lo tanto, no importa cuántas veces cambiemos de amigos, de pareja, de país o residencia, siempre caeremos en los mismos errores si no cambiamos y crecemos espiritualmente para protegernos de la mediocridad que nos rodea.

Por lo general el ser humano nunca busca razones para ser feliz pero sí nos empeñamos en encontrar aquellas que nos hieren, que nos mortifican para compadecernos de nosotros mismos, entonces, ¿A quién le debemos nuestra infelicidad?.

Quien por lo general tiene la culpa no son los demás que nos “hacen” sino nosotros mismos por “permitir que nos hagan” porque nada puede afectarnos de ninguna forma si no lo aceptamos y permitimos previamente. Desde ahora cúlpate a ti mismo de aquellas cosas negativas que te suceden porque los demás solo se aprovechan de ese momento.

¿Cómo si yo soy buena persona me pasan estas cosas?, ¿Por qué sí yo amaba tanto a esa persona me dejó?, ¿Cómo si era mi amigo o amiga me traicionó?. Estas preguntas nos las hacemos a diario pero nadie se pregunta: ¿En qué momento permití que esas cosas me sucedieran?.

Cuando un jefe te grita, cuando tu pareja te es infiel, cuando un amigo te traiciona, cuando te faltan el respeto o cuando caes en chismes entre miles de cosas más, NO SON LOS DEMÁS los culpables somos nosotros mismos que de alguna manera le abrimos la puerta a estas situaciones.

Cuánto te ames, te amarán los otros. Nunca renuncies a tu amor propio.

De ahora en adelante fíjate bien como te brindas a los demás para que no permitas que te hagan aquello que no serás capaz de aceptar.

Kathya M. Rodríguez
Derechos Reservados 2007
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