Nada es gratuito en esta vida
“Tal cual nos ofrezcamos a los demás recibiremos lo mismo a cambio”
Muchas veces me ha tocado escuchar que el amor, la gratitud, el cariño, etc, etc, son “sentimientos” que se entregan de forma natural sin esperar nada a cambio, ¡Falso!, pues si bien es cierto dentro de las leyes divinas está “Amar al prójimo como así mismo” no podemos ser alfombra para que otros pisen poniendo de lado nuestro amor propio. ¿Cómo podremos ser capaces de amar a otros si no empezamos por nosotros mismos?.
El amor no se trata de amar y entregarnos completamente a otros renunciando a nuestro amor propio porque no seremos más que seres mediocres.
Si Dios nos creó a todos por igual, a su imagen y semejanza ¿Por qué tenemos que cambiar esa esencia sintiéndonos más o en algunas veces menos que otras personas?.
El que da gratitud, el que da amor, cariño o lealtad puede esperar y exigir sin menor duda lo mismo de lo que brinda.
Recibimos el regalo de poseer un cuerpo divino, el cual, debemos de amar, respetar y cuidar sin permitir que otros nos dañen o viceversa.
No importa si eres alto, bajo, delgado, gordo, tuerto o modelo de revista. Realmente importa lo que eres como esencia, como persona, importa cuánto te valores como ser humano. Como te proyectes te verán los otros.
Ahora si bien es cierto cuando aprendamos a amarnos y aceptarnos como persona tendremos la misma capacidad de exigir lo que ofrecemos a cambio tanto física como espiritualmente pero antes de exigir debemos pasar por la máquina de rayos X para no caer en el error de pedir lo que por ningún lado somos capaces de dar.
No podemos caer en el error de ver los defectos de los demás cuando en nosotros también habita la imperfección y no porque Dios no nos haya hecho hombres perfectos sino porque por criterio propio con el tiempo hemos ido cambiando esa ley divina dejándonos llevar por la vanidad, la superficialidad y la mediocridad.
De ahora en adelante no te quejes de aquellas cosas desfavorables que te pasan, pues sin duda alguna cada acción trae su reacción y lo más probable es que aquello que hoy cosechas sea el fruto de lo que sembraste en el pasado.
Kathya M. Rodríguez
Derechos reservados 2007
Muchas veces me ha tocado escuchar que el amor, la gratitud, el cariño, etc, etc, son “sentimientos” que se entregan de forma natural sin esperar nada a cambio, ¡Falso!, pues si bien es cierto dentro de las leyes divinas está “Amar al prójimo como así mismo” no podemos ser alfombra para que otros pisen poniendo de lado nuestro amor propio. ¿Cómo podremos ser capaces de amar a otros si no empezamos por nosotros mismos?.
El amor no se trata de amar y entregarnos completamente a otros renunciando a nuestro amor propio porque no seremos más que seres mediocres.
Si Dios nos creó a todos por igual, a su imagen y semejanza ¿Por qué tenemos que cambiar esa esencia sintiéndonos más o en algunas veces menos que otras personas?.
El que da gratitud, el que da amor, cariño o lealtad puede esperar y exigir sin menor duda lo mismo de lo que brinda.
Recibimos el regalo de poseer un cuerpo divino, el cual, debemos de amar, respetar y cuidar sin permitir que otros nos dañen o viceversa.
No importa si eres alto, bajo, delgado, gordo, tuerto o modelo de revista. Realmente importa lo que eres como esencia, como persona, importa cuánto te valores como ser humano. Como te proyectes te verán los otros.
Ahora si bien es cierto cuando aprendamos a amarnos y aceptarnos como persona tendremos la misma capacidad de exigir lo que ofrecemos a cambio tanto física como espiritualmente pero antes de exigir debemos pasar por la máquina de rayos X para no caer en el error de pedir lo que por ningún lado somos capaces de dar.
No podemos caer en el error de ver los defectos de los demás cuando en nosotros también habita la imperfección y no porque Dios no nos haya hecho hombres perfectos sino porque por criterio propio con el tiempo hemos ido cambiando esa ley divina dejándonos llevar por la vanidad, la superficialidad y la mediocridad.
De ahora en adelante no te quejes de aquellas cosas desfavorables que te pasan, pues sin duda alguna cada acción trae su reacción y lo más probable es que aquello que hoy cosechas sea el fruto de lo que sembraste en el pasado.
Kathya M. Rodríguez
Derechos reservados 2007
