Esperanzas marchitas descansan en las profundidades de ataúdes desterrados y se va deshojando con el viento aquel árbol maldito condenado a vivir inerte. Usurpando territorios ajenos en cóncavos caminos se encuentran temores de almas desconocidas. La luz de una vela va perdiendo sus fuerzas por ir en contra del destino. El frío manto de la noche impregnado de lástima arropa mi ego desnudo mientras la tierra hambrienta de cuerpos me hunde en su interior. Los gusanos envuelven mis huesos en capullos tejidos de colores alimentando la ilusión de un nuevo despertar para devorarme otra vez.